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Entre el fuego y el salario: trabajadores, incendios y la lucha por el derecho a trabajar con seguridad

Hay algo inquietante cada vez que el humo cubre Kalimantan Occidental. El cielo se vuelve gris, los ojos escuecen, cuesta respirar y se reduce la visibilidad; se suspenden las clases, se alteran los vuelos y se pide a la población que limite las actividades al aire libre. El Gobierno habla de calidad del aire, puntos calientes, extinción y gestión de desastres. Los medios muestran mapas de los incendios. La gente cierra puertas y ventanas.

Pero, detrás de todo ello, hay cuerpos que no pueden dejar de trabajar. Hay que seguir cosechando el fruto de la palma, recogiendo los racimos frescos y recorriendo los caminos de las plantaciones; los camiones siguen transportando la producción, las fábricas necesitan materia prima y la maquinaria pesada continúa en marcha. Quienes trabajan en las plantaciones y en las minas permanecen en sus puestos. Respiran un aire que ya ha sido declarado peligroso.

Para la Federación de Sindicatos de Trabajadores de Plantaciones de Palma de Kalimantan Occidental (FSBKS-KB), es aquí donde los incendios forestales y de tierras —karhutla— exigen otra lectura. No son solo un problema ambiental, sino también una cuestión laboral, de seguridad y salud en el trabajo (K3), relaciones laborales, distribución del riesgo y desigualdad de poder dentro de la cadena productiva.

El humo puede llenar el aire de todos, pero los riesgos de respirarlo nunca se reparten de manera justa. Hay quienes pueden cerrar las ventanas, trabajar en interiores, desplazarse en vehículos con aire acondicionado, tomarse unos días libres o salir de la zona afectada. Para quienes viven de un salario, sin embargo, dejar de trabajar no siempre es una opción sencilla: no trabajar significa perder ingresos.

Y perder ingresos significa que la familia deja de poder cubrir sus necesidades cotidianas. Así, la orden de seguir trabajando adquiere una fuerza mucho mayor. El cuerpo del trabajador queda atrapado entre la necesidad de vivir y la obligación de trabajar. Es ahí donde los incendios se encuentran con el derecho laboral y la economía política.

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